III Concurso microrrelatos: sal, suerte, prender, cordura.

SEMANA DEL 4 al 10 DE MAYO

Superstición

Dicen que tirar sal trae mala suerte. Tendré que prender mi cordura para seguir siendo desafortunado…

Francisco Moreno Martínez

 Bendito seas

Bendigo el día en que la suerte hizo que nos encontráramos, en que nuestros cuerpos se convirtieron en juguetes de las olas y la sal impregnó nuestros labios. Bendigo mi falta de cordura al decir que sí, esa locura que hace prender la llama del amor cada noche. Muda oración de cuerpos.

Mavi Tomé Merchán

 Mi perdición

Sentí que me perdía en la suerte de sus pasos, sentí que mi poca cordura huía al verte marchar. En mis mejillas, lágrimas que dejan su sabor a sal. Un dolor que prende en mi pecho. Me caigo, me pierdo. Te vas, sólo puedo dejarte ir. Eso también es amor.

Mavi Tomé Merchán

Más vale tarde.

-¡Sal de mi vida!
Le dijo ella una vez despertó de su letargo. Aquel hombre había prendido con una llama su cordura poco a poco durante años, pero por suerte ella consiguió ver la realidad y llamó a la policía para meterle en la cárcel y acabar con su maltrato.

Tomás Lobato Brotons

 Todos los tontos son afortunados.

Tiro la sal por encima de mi hombro esperando tener suerte. Rompo los espejos esperando conseguir fortuna. Me levanto con el pie izquierdo para tener un buen día y prendo mis fotos esperando ser más hermoso. Y compro piedras sagradas para no perder mi cordura.

 Tomás Lobato Brotons

Adiós, tristeza

El infortunio le venía de cuna y jamás  pudo prender el bastión de la suerte, entre desgracias y sobresaltos. Se alimentaba de tristeza y la piel le sabía a sal de tanta lágrima vertida. Antes de perder la cordura, esbozó una sonrisa al abrazar la balsámica negritud de la muerte.

Miguel Ángel Muñoz Alonso

Manicomios

Entre viejas paredes de sal y humedad conviven los desheredados de la cordura, los huérfanos de la razón, pobres gentes abandonadas a su suerte. Anhelan prender la bandera de la libertad, agarrados al óxido de los barrotes, mientras sus gritos se pierden en largos pasillos de olvido e indiferencia.

Miguel Ángel Muñoz Alonso

Tú y yo y el mar

El olor a mar y sal me hacen acordarme de ti, de la suerte que tuve al conocerte. Perdí la cordura, casi roce la locura, me deje prendar de tu hermosura, tu persona. Y así acabamos como dos locos enamorados, abrazados en aquella playa, viendo juntos el amanecer, hasta hoy.

Marisa del Prado

Valentía

Pensaba en su mala suerte, mientras se tomaba un tequila con sal. No era capaz de volver a prender la llama y avivar el fuego de su corazón. Tenía miedo de volverse loco, perder la cordura. Aquel maldito lugar, alejado de ella, perdido, sin rumbo. Bebió y regreso a buscarla.

Marisa del Prado

Mi sensata cordura

¿Por qué mis lágrimas saben a sal? Al prender la llama de mis momentáneos recuerdos, pensé en la suerte que tuve al conocerle. Ahí está él, tocando mi canción preferida…¡Cariño, es de locos volver a la cordura! Él me sonrió tímidamente. Ven, ven y baila conmigo…

Eva Fuentes

Despedida

Sal por este agujero, él te esperará al final del corredor. Tendrás que prender esta vela para poder ver. Recuerda girar siempre a la derecha y nunca mires atrás. Yo me quedaré en la celda tratando de mantener la cordura. Nos veremos pronto, lo prometo. Que tengas suerte, hijo mío.

 Rafa Casielles Restoy

 Encerrado

Esta habitación debería prender en llamas y así acabar con el monstruo que amenaza mi cordura. Sal de aquí, estúpida voz, deja de gritar, de hurgar en mis entrañas. Vete a otro lugar a probar suerte, te odio tanto …, y saber que soy yo quien te alimenta.

 Rafa Casielles Restoy

 Sabe a libertad

¿Suerte?, pensó. Quien crea en esa habrá perdido la cordura. Cristales rotos, sal sobre la mesa y yo, bailando por encima descalza. He decidido prender el vestido, quitarme el pintalabios, salir a la terraza desnuda. Quiero reclamar la libertad, quiero ser mi propia bandera. Quiero, con eso basta.

Laura González Vives

 Un gramo más

Obnubilado frente a la catarsis. Tras los párpados aún aguarda la cordura. Medio gramo más. Prenden bajo la piel cálidos enjambres endemoniados, sal negra. Sí, con suerte huirán las voces entrelazadas, la criptología mental y los rostros familiares. Tal vez sentado frente al abismo aclare esta incógnita…

…Madre, ¿eres tú?

Pedro Montero

 La carne del sueño

Guardo reminiscencias de aquel mar ignoto en cuya ahorcada orilla yacían ángeles putrefactos, pendientes de medicación. Dios me observaba, a ratos, discutiendo mi cordura y pertrechando esta suerte, compañera indolente de tantas travesías. Extraños fragmentos de sal prendían la horquilla del sueño mientras mis entrañas balbuceaban al vacío plegarias huecas.

Pedro Montero

La fuga

Señales, señales… ¿Acaso no les ponen el significado aquellos que las fabrican? Para mí el fuego y la sal nunca fueron un problema. Cuando la primera llama prendió, temí que un sólo movimiento pudiera cambiar mi suerte, que un soplo de cordura apareciera en tu rostro. Pero sonreíste, me querías.

Cristina Velázquez

 ‘Coachee’

En cuanto se prende la luz, me digo: ¡Ponle sal a la vida! Lo repito doce veces al día. También invoco a la suerte, a la buena, subiendo mi energía kundalini hasta la cabeza. Y, a veces, cuando pienso que ya perdí la cordura, me da por reír y reír.

 Cristina Velázquez

Alzando el vuelo

Condimentando con sal la suerte podremos mantenernos vivos en un mundo sin esperanza. Pero para ello habrá que prender las ataduras que nos mantienen con amarga cordura y que alzar el vuelo no nos permiten.

Antonio Gonzáles Rodríguez

Y comieron perdices

Soñé que la suerte estaba de mi lado y que juntos perdíamos la cordura al prender aquella mecha. El sabor a sal de tu cuerpo me hizo creer que era posible, y así comenzamos a vivir juntos esta preciosa locura.

 Ángela Magno

La redención de Stanley Lord

Agua y sal recorrían sus venas. Ahogándose en tierra, ya había perdido la cordura, y sólo clamaba a su suerte para que el espectro de aquel maldito barco llegase para prender su alma y hundirla lejos de las miradas de aquellos que “sabían” que vio lo que nunca vio.

 José Manuel Jiménez Martín

Solo me quedará

Inevitablemente la sal cayó. Mi torpeza lo encolerizó y se llevó la tranquilidad y la suerte que había tenido hasta entonces. Su locura y rabia me atemorizaban; y un día más sus manos me prendieron ferozmente, quedándome solo  aguantar e implorar que no me matase, esperarlo una vez más.

Esther Cuenca Peña

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