Instrucciones para sentir el Teatro


Iniciarse en la lectura del género teatral, así como lograr adentrarse en ella no es fácil, sobre todo, si tenemos en cuenta que es un género literario que nace para ser compartido, interpretado, vivido e imaginado sobre un escenario, esa es la mejor manera de sentirlo y disfrutarlo, la mejor manera de regresar a él.

Retomando sus antepasados y etimología, la palabra teatro viene del griego “teatron”, que significa “lugar para ver” o “lugar para contemplar”. Las obras de teatro son historias que nacen para expresarse delante de un público, a través del habla, los gestos, la mímica, la danza, la música y todos los elementos que componen ese arte único y altamente cautivador llamado representación. Todo ese despliegue de elementos necesita de un espacio que ambiente el diálogo, de un escenario que enmarque la obra como si de una súper producción se tratase. En este sentido, no puedo dejar de recordar las reflexiones del director de cine Wim Wenders, en el marco de su último trabajo sobre la grandísima bailarina Pina Bauch, el maestro recordó que la esfera tridimensional siempre existió y se llama Teatro.

El teatro es una fiesta, como dice Natalia Menéndez, actriz, directora, traductora y autora teatral, una fiesta en la que sólo logras integrarte cuando traspiras la historia por todos los poros de tu piel, es la única manera de que la magia de este género te envuelva. Nos enfrentamos a un género de difícil lectura individual, pero que en escena te atrapa gracias a las voces y gestos de sus actores. Por ello, es importante leerlo y acceder a él pensando siempre en la escena, aún con más intensidad que en el caso de otro tipo de literatura. Hay que imaginar más que en una novela, pero cuando lo logras, puede ser más fácil vivir la historia, puesto que el lector se transforma en espectador de ella, y puede situarse en primera fila si lo desea…
La gente estudia, enseña e interpreta teatro, por lo tanto el teatro se lee. Es posible hacerse con la lectura del mismo, para ello, es importante tener la predisposición adecuada a sentir y experimentar una historia muy de cerca. Otro tipo de literaturas pueden satisfacer más en el tiempo, van más encaminadas a la intriga y el ocio, en el caso del teatro se profundiza más en la historia y en los personajes, incluso, algunos dramaturgos afirman que indagan en la conducta.

El teatro contiene un texto creado fundamentalmente para ser interpretado, para su escenificación, pero los que enseñan teatro hablan también de unas pautas que se pueden aplicar a la lectura de este género. Por ejemplo, un discurso acotacional, facilita el entendimiento de la obra, un discurso en el que jugar con las tonalidades de las voces. Otro recurso hábil y entretenido es hacer las lecturas de las obras en grupo, promoviendo una lectura dramatizada del texto. Para evitar que los múltiples personajes se enreden en la cabeza, es importante hacernos con una imagen clara y rápida de los mismos en la mente, y conforme trascurre la lectura, realizar una biografía de los personajes a grandes rasgos facilitará la comprensión y adaptación a la obra.

No existe el libro de teatro más vendido, no hay un “best-seller” en este género, pero todos nos enriquecemos con la existencia de grandes clásicos del teatro llevados al escenario y a la gran pantalla. Shakespeare no creo obras como Hamlet, El sueño de una noche de verano o Romeo y Julieta para ser leídos en solitario y guardados en un cajón. El gran Bertolt Brecht dio luz al teatro épico para que obras como Terror y miseria en el Tercer Reich o Madre Corage lleguen a manos de todo buen lector, así como el sentido filosófico de Calderón de la Barca, por ejemplo en La vida es sueño, se creó para llenar patios de butacas. La destreza y la grandeza de García Lorca ha llegado a los escenarios a través de representaciones como Yerma, Bodas de sangre o La zapatera prodigiosa. Lope de Vega, Tirso de Molina, Miguel Miura, Dante Alighieri, José Zorrilla y su Don Juan Tenorio o la siempre presente Celestina de Fernando de Rojas también han sido catalogados como grandes obras de arte del teatro. Son los clásicos que dan sentido a los trabajos que hoy en día se tejen en las computadoras de escritores de teatro contemporáneo, en este sentido, podemos citar a J.G. Yagüe, Rodrigo García, Andrés Lima, J.R. Fernández, Mayorga, Angélica Liddell, Sanzol, entre otros, brillantes figuras responsables de mantener vivo un género que sigue manchando hojas en blanco, con el fin de llegar hasta un público ávido de sentir nuevas historias, el puro teatro.

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