La fábrica de betún

Hoy se conmemora el Bicentenario de Charles Dickens, aunque sabemos que la mayoría se habrán dado cuenta al ver el precioso doodle de Google, al abrir las redes sociales o cuando han topado con un medio de comunicación tradicional.

Para quien no lo sepa, Dickens fue de los pocos escritores que tuvo la suerte de gozar de gran fama durante su vida y que  sigue cosechándola después de su muerte. A través de sus novelas, que al principio se publicaban por entregas, consiguió que los lectores se enganchasen a los personajes y sus historias con una euforia nunca vista.

Casi a todos, nos vienen a la cabeza sus grandes obras pero conocemos poco de su vida… Por eso hoy queremos refrescarte la memoria.

Dickens nació el 7 de febrero de 1812 en Portsmouth, una ciudad de la costa sur de Inglaterra aunque pronto su familia se mudó a Londres, en concreto a Candem Town, uno de los suburbios más pobres de la gran ciudad.

Su infancia no fue fácil, su padre ingresó en prisión acusado de morosidad y , como la ley lo permitía,  su familia se instaló también en la celda.  Dickens, al ser el varón primogénito, tuvo diferente suerte y fue acogido en una casa de Little College Street. La separación sólo duró unos meses, pero fueron suficientes para que tan  pequeño sintiese la soledad y el desamparo.

Como la mayoría de los niños proletarios tuvo que comenzar a trabajar a una edad muy temprana: con doce años ya realizaba jornadas de diez horas en la fábrica de betún de Warren. Un lugar que le marcó y que podemos ver descrito en “David Copperfield” y en “Grandes Esperanzas”

Una vez adulto, se ganó la vida como pasante en un despacho de abogados, más tarde fue taquígrafo judicial y en 1828 se convirtió en reportero para el ‘Doctor’s  Commons’, a partir de ahí fue pasando por varios periódicos y adquiriendo gran popularidad.

Contrajo matrimonio con  Catherine Hogarth y llegaron a tener diez hijos, aunque su relación no fue modélica ni estable. Pasados veintidós años de convivencia decidieron separarse, aunque hacía tiempo que no se soportaban.

Para muchos autores, Dickens es el inventor de la infancia, con Oliver Twist consiguió que un niño fuera, por primera vez, el protagonista de una novela. Sus entregas hicieron que  los demás fijaran sus miradas en aquellos seres que servían de mano de obra barata, su mayor logro fue alejar la indiferencia de los adultos ante  la explotación infantil.

“Canción de Navidad” es otra de sus novelas más aplaudidas,  junto con “Grandes Esperanzas” o “David Copperfield” (esta última era la favorita del autor).

Para celebrar su bicentenario, la editorial Anaya ha publicado este año un libro escrito por Vicente Muñoz Puelles, se titula “La fábrica de betún” y está dirigido a un público mayoritariamente joven.

La novela empieza tras la muerte de Dickens cuando, su agente literario y amigo, John Foster decide escribir una biografía sobre el venerado escritor. Un día el espectro de su viejo amigo visita a Foster y decide mostrarle su infancia para que pueda revivir los pasajes más importantes.

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