Ray Bradbury, el inmortal

“La vida termina como el resplandor de un film, una chispa en la pantalla”. Y el señor Bradbury cerró los ojos para siempre.

Me vi en la grata obligación de leer su obra cuando tan solo tenía 14 años, a regañadientes me sumergí en sus páginas y tanto ellas como Ray se convirtieron en un importante símbolo y referente de las letras para mí. No por la espectacular ciencia ficción, no por creer en esa historia imposible, sino por tener la certeza de que quien quema libros termina tarde o temprano por matar personas.

Ray Bradbury

El 22 de agosto de 1920 nació Ray Douglar Bradbury y con él uno de los autores de ciencia ficción y fantasía más representativo. Su pasión por la lectura y la escritura desde niño le ayudó a autoformarse y educarse a través de los libros. En 1943 se convirtió en un escritor consagrado y a partir de ahí llegarían obras como: Crónicas Marcianas (1950), El hombre ilustrado (1951), Fahrenheit 451 (1953), Las Manzanas Doradas del Sol (1953), El país de Octubre (1955), El vino de estío (1957), Remedio para melancólicos (1960), entre varios guiones de televisión, ensayos y poemas.

Hizo uso de la fantasía y la ciencia ficción para enfocar en muchas de sus obras su profunda preocupación por los estilos de vida, el racismo, la guerra atómica, la censura, el avance tecnológico, además de uno de los deseos más profundos de América, una vida más sencilla y alejada del ajetreo de la modernidad, de lo ajeno y lo desconocido. A pesar de esa ficción, Ray Bradbury declaró en muchas ocasiones que lo suyo era fantasía y que únicamente en su libro Fahrenheit recurrió a la ciencia ficción.

Fahrenheit 451: La temperatura a la que el papel de los libros se inflama y arde. Así comienza Ray Bradbury a relatar una historia en un supuesto futuro que imagina, y con el que recoge unos tintes metafóricos que reflejan los problemas y carencias que la sociedad actual empieza a tener, que Bradbury teme, pero manifiesta a modo se novela.

El mundo cada vez menos hipotético de Fahrenheit 451 persigue a toda costa la felicidad de sus habitantes, pero a un precio que algunos no están dispuestos a pagar. Tal y como dijo el filósofo Sócrates: “solo hay un bien: el conocimiento. Sólo hay un mal: la ignorancia”, de esto probablemente estaban muy seguros los gobernadores del mundo de esta obra.

El poder de la palabra, la cultura, la sabiduría y el diálogo en la sociedad otorga al ser humano una libertad de pensamiento que, para los dictadores que presiden a la ciudadanía de esta historia, pone en peligro la calma de la vida. Es más fácil enseñar aquello que únicamente se quiere que se aprenda. Para qué complicarse la vida leyendo y adquiriendo conocimientos que no van hacer más que perturbar nuestros pensamientos, cuando lo más cómodo es vivir en la ignorancia, tranquilos, en un mundo homogéneo, uniforme, donde el ser humano solo se diferencia por la estatura o el color de piel. Esto es lo que de alguna forma se puede extraer de las leyes tan preciadas y respetadas por muchos de los habitantes de Fahrenheit 451.

De acuerdo con que “el libro gobierna a los hombres y es el maestro del porvenir” (R. Poincaré) , que “las palabras pueden ser como los rayos X si se usan apropiadamente: lo atraviesan todo” (Aldous Huxley), son, por tanto, los libros y sus palabras, una amenaza en la vida que Bradbury relata.

El mundo que se describe en la obra es un tanto peculiar. Cientos de libros son prohibidos, alegan que se contradicen entre sí, sostienen teorías opuestas e impiden ser feliz a la gente.

A 451 grados en escala Fahrenheit los libros son quemados por el cuerpo de bomberos. Montag es un bombero incendiario, era igual al resto de la gente, pero será al conversar con su vecina, Clarisse McClellan, cuando recapacite y rompa su equilibrio, al descubrir que el diferente, el pensador, el insocial es el que tiene una vida más satisfactoria. Esta nueva visión atrae enormemente la curiosidad de Montag y es así como adquiere sus propios pensamientos, no para destruirlos, sino para hacer partícipes a los demás de ellos. Montag se convierte en persona-libro.

Otros personajes de la obra:

Mildred: Señora de Montag. Prudente, popular, leal y sumisa a las leyes y normas que organizan a la ciudadanía.

Capitán Ridley: Jefe de los bomberos. Estricto, esquematizado, culto, perseverante, pero a pesar de eso, él creía que para vivir sin problemas, todos debían pensar y ser iguales, estaba convencido de que las leyes eran lo mejor para la sociedad.

Clarisse Mc Clellan: Libre, espontánea, inspira a Montag acerca de lo confortable que es la sensación de ser diferente en una sociedad de masas.

Fader: Erudito en las materias literarias.

Beatty: Jefe de escuadra de Montag. Denominador del cuerpo de bomberos como “Guardianes de la Felicidad”, pero sobre todo el azote moral de Montag.

El Sabueso: Denominación del coche de bomberos.

Las personas-libro: Hombres y mujeres de todas las edades que vivían en los bosques y en las estaciones de trenes abandonadas en pequeñas comunidades. Deciden salir del círculo de ignorancia en el que vivían y empiezan a leer libros. Ante la prohibición de hacerlo y la descomunal destrucción de libros, casas, bibliotecas y todo aquello que fuera una amenaza ante la ley, cada uno se aprende un libro de memoria y los trasmiten oralmente a la gente, como una forma de inmortalizar las obras literarias ante las llamas.

Ambiente y escenarios de la obra

Ray Bradbury describe un mundo con una civilización que estima posible en el futuro por la existencia de una sociedad cada vez más educada por los medios de comunicación, conformista, complaciente, uniforme y reposada. La preocupación del autor se halla en el poder de las máquinas para sustituir al hombre, en el afán de consumismo, banalidad y materialismo. Aunque se acoge a un modo de vida ficticio, futuro, es cierto que presenta un ambiente urbano característico de las ciudades actuales. Habla de avenidas, alamedas, de cosas que por la fecha en la que fue escrito, 1953, eran futuristas, como el dic-man, MP3, los ordenadores portátiles, televisión en color, pantallas domésticas gigantes de plasma…

En la esencia del libro se haya principalmente el acto simbólico de la quema de libros, pero además, se presencia la felicidad, la inquietud por el conocimiento, las rutinas, el individualismo, los temores, todo ello fruto de los propósitos morales que Bradbury persigue en sus obras. Otros rasgos persistentes en la obra son un clima poético y un cierto romanticismo, imprescindibles a la hora de tratar la vida diaria de los personajes.

Habitantes de Fahrenheit 451

La ciudadanía está dividida en dos grupos, el primero es el de los bomberos y sus familias, y el segundo, es el de los fugitivos intelectuales. Aunque el primer grupo goza de un buen estado económico sin explicación alguna, la cultura brilla por su ausencia entre estos personajes, sin embargo, en el segundo grupo, la cultura, la inteligencia y la creatividad reponen esa falta de comodidades, “sometidos” a una constante persecución por pensar, sentir, leer, opinar y ser ellos mismos.

Entre las personas del primer grupo las relaciones son escasas, dedican todo su tiempo a ceder sus mentes a los contenidos vacíos de televisión, limitando así la inteligencia humana.

Obra célebre de un escritor célebre, cuyo legado se halla en nuestro corazón literario.

Estimado maestro, este viaje al espacio te ha hecho inmortal. Hasta siempre…

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